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El dinero no importará en 2036, según Elon Musk: así explica por qué la IA cambiará todo

Elon Musk asegura que el dinero no importará en 2036. Te contamos su teoría sobre la IA, la abundancia y qué pasará con el trabajo.

El dinero no importará en 2036, según Elon Musk: así explica por qué la IA cambiará todo
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Elon Musk insiste en que la IA cambiará el juego de todo. Foto: Generado por Gémini

Elon Musk volvió a generar titulares con una afirmación que suena sacada de la ciencia ficción: el dinero dejará de tener sentido antes de 2036. Lo dijo durante una entrevista de 90 minutos con la directora de The Economist, Zanny Minton Beddoes, publicada el 23 de julio de 2026, y en cuestión de horas la frase le dio la vuelta al mundo.

Pero, ¿qué hay detrás de esta predicción y qué tiene que ver con la brecha cada vez más marcada entre las fortunas de los grandes magnates tecnológicos y el bolsillo de cualquier persona común?

¿Por qué Elon Musk insiste en que el dinero no importará?

La lógica de Musk parte de una premisa concreta: si la inteligencia artificial y los robots humanoides logran producir más bienes y servicios de los que la humanidad puede consumir, el dinero pierde su función principal. Así lo resumió el propio empresario: "¿Para qué quieres dinero? Quieres dinero para bienes y servicios, ¿verdad? Principalmente para comida, vivienda, transporte y entretenimiento".

Para Musk, ese punto de inflexión llegará cuando la producción automatizada supere ampliamente la demanda real de las personas. En sus propias palabras: “Si eso es tan abundante que los robots y la inteligencia artificial proporcionan más bienes y servicios de los que cualquier ser humano podría consumir, ¿para qué necesitas dinero?”.

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Además, el fundador de Tesla y SpaceX calcula que la inteligencia artificial superará la capacidad intelectual humana en aproximadamente cinco años, lo que aceleraría todavía más ese escenario de abundancia. Según él, no hay precedentes para dimensionar el cambio: “El futuro va a ser muy, muy diferente del pasado. No existe ninguna analogía o metáfora que, en mi opinión, ilustre la magnitud del cambio que vamos a experimentar”.

La desigualdad que nadie menciona en la ecuación

Ahora bien, aquí es donde el discurso empieza a hacer agua. Musk describe con entusiasmo una economía de superabundancia, pero no explica quién sería el dueño de esos robots y sistemas de IA, ni cómo se repartiría esa riqueza generada de forma automática. Y esa omisión no es menor, porque justamente hoy son los magnates tecnológicos, el propio Musk incluido, quienes concentran la propiedad de las empresas que desarrollan estas tecnologías.

Mientras Musk se convirtió en el primer trillonario de la historia, la mayoría de la población sigue dependiendo de un salario para cubrir necesidades básicas. Si la producción queda en manos de unos pocos actores privados dominantes, la pregunta que queda flotando es incómoda: ¿la abundancia llegará realmente a todos, o solo profundizará la distancia entre quienes controlan la tecnología y quienes la usan?

De hecho, especialistas consultados por medios especializados ya lo plantean como uno de los grandes interrogantes de esta visión: sin mecanismos claros de redistribución, la riqueza generada por la automatización podría concentrarse todavía más en pocas manos, en lugar de repartirse hacia el conjunto de la sociedad.

¿Qué dice Musk sobre el futuro del trabajo?

En paralelo a su predicción sobre el dinero, Musk también reformula la idea del trabajo tal como lo conocemos. Según su visión, el empleo dejaría de ser una obligación económica para convertirse en una elección personal. Para ilustrarlo, recurre a una comparación sencilla: así como hoy hay personas que cultivan tomates en su casa aunque puedan comprarlos en el supermercado, en el futuro muchas tareas se realizarían por gusto y no por necesidad de generar ingresos.

Esta idea coincide con lo que vienen planteando otras figuras del sector tecnológico, como Bill Gates y Jeff Bezos, quienes también anticipan una transformación profunda del mercado laboral gracias a la automatización. Sin embargo, ninguno de los tres ha resuelto la pregunta de fondo: si el trabajo tradicional pierde peso como fuente de ingresos, ¿quién financiaría los mecanismos de distribución que permitirían a las personas acceder a esa supuesta abundancia?

Un debate que recién empieza

Más allá de si el plazo de 2036 se cumple o no, la predicción de Musk reabre una discusión urgente sobre el papel del dinero, el trabajo y la concentración de riqueza en la era de la inteligencia artificial. Por ahora, la visión del empresario suena atractiva en el papel, pero deja sin resolver el problema central: mientras la tecnología que promete esa abundancia siga en manos de unos pocos multimillonarios, la desigualdad, más que desaparecer, podría profundizarse aún más.