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Trump anuncia acuerdo por 100 años sobre el petróleo de Venezuela: qué se sabe

¿Trump y Delcy Rodríguez firmaron un acuerdo petrolero por 100 años. Te explicamos qué gana EE. UU., qué dicen los economistas y si es ético.

Trump anuncia acuerdo por 100 años sobre el petróleo de Venezuela: qué se sabe
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Venezuela firmó el acuerdo con Estados Unidos en medio de una polémica. Foto: Generada Gémini|ChatGPT

El pasado viernes 28 de agosto de 2026, Donald Trump anunció a través de su cuenta Truth Social lo que él mismo llamó “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”. En pocas palabras: Estados Unidos se queda con una participación mayoritaria en las reservas de petróleo de Venezuela, el país con las reservas probadas más grandes del planeta.

Si sientes que te perdiste un capítulo de la historia, no te preocupes: aquí en FinanzasTech.com te explicamos con calma qué pasó, por qué le importa al mundo entero esta decisión y qué opinan los economistas venezolanos.

¿Qué contiene realmente el acuerdo?

El gobierno de Estados Unidos y un operador privado, identificado como el empresario estadounidense Mauricio Claver-Carone crearon una nueva empresa conjunta. Según explicó la presidenta interina Delcy Rodríguez, el pacto contempla el desarrollo de 17 campos petroleros con un potencial probado de 65.000 millones de barriles, y podría atraer inversiones por 100.000 millones de dólares al país caribeño. Además de generar más de 209.000 millones de dólares en impuestos para Caracas.

Estados Unidos, por su parte, recibirá el 55% de la producción real de esa nueva empresa, entre participación accionarial y el derecho a comprar petróleo a precio de costo, un crudo que iría directo a su Reserva Estratégica y a sus Fuerzas Armadas. De concretarse, la compañía pasaría a ser la segunda mayor tenedora corporativa de reservas probadas del mundo, solo por detrás de Saudi Aramco.

¿Por qué Estados Unidos fue por el petróleo venezolano justo ahora?

Aquí entra un poco de contexto que lo explica todo: la guerra en Oriente Medio ha disparado los precios del combustible y vaciado la Reserva Estratégica estadounidense hasta niveles que no se veían desde inicios de los años 80.

Piénsalo como una despensa familiar: cuando la guerra “cierra el supermercado de siempre” —el estrecho de Ormuz—, buscas otro proveedor confiable para no quedarte sin comida. Venezuela, con el crudo pesado que sí pueden procesar las refinerías del Golfo de México, apareció como esa alacena de repuesto justo cuando Washington más la necesitaba, sobre todo tras la captura de Nicolás Maduro en enero, trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.

Un sacudón a la economía global

Imagina que el mercado del petróleo es una gran piscina y cada país vierte o saca agua de ella según cuánto produce. Cuando Estados Unidos anuncia que tendrá acceso a una de las más grandes del mundo, todos los demás bañistas —la OPEP, Canadá, México— empiezan a recalcular su lugar en el agua.

Voceros del sector energético estadounidense han sido claros: el objetivo de fondo es que Washington deje de depender del cártel petrolero de la OPEP, lo que reordena alianzas energéticas completas. Eso sí: los analistas coinciden en que el efecto no será inmediato, porque la producción venezolana tardaría entre tres y cuatro años en despegar de forma significativa debido al daño de las infraestructuras.

¿Es ético firmar esto tras la intervención en Venezuela?

Aquí no hay una sola respuesta y conviene revisar ambas caras de la historiaa. Para sus defensores, como el senador republicano Bernie Moreno, el acuerdo es una victoria histórica que evita que el crudo venezolano termine en manos de China a precio de regalo. Voceros del propio gobierno interino, como Delcy Rodríguez, insisten en que Venezuela mantiene la propiedad y la soberanía sobre sus recursos naturales.

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Del otro lado, la crítica es fuerte. El economista venezolano Ricardo Hausmann, profesor en Harvard y exministro de Planificación, calificó el pacto de “acuerdo vergonzoso” y sostiene que un gobierno interino no tiene legitimidad constitucional para comprometer al país por un siglo.

En el Congreso estadounidense, el senador demócrata Tim Kaine fue todavía más duro y habló de “corrupción a una escala épica”. La pregunta ética de fondo —¿puede un gobierno de transición, instalado tras la captura de su predecesor, firmar compromisos que atarán a Venezuela hasta el próximo siglo?— sigue abierta y probablemente la responderán los tribunales y la historia, no un solo tuit.

¿Qué dicen los economistas venezolanos?

El denominador común entre los economistas locales es la falta de información y la poca claridad del acuerdo. Asdrúbal Oliveros advirtió que, por su magnitud, el contrato no puede verse como un asunto menor y recordó que inversiones de este tamaño necesitan años para madurar, además de reglas claras y seguridad jurídica que hoy no están garantizadas en Venezuela con el gobierno interino de izquierda.

En la misma línea, el ingeniero petrolero Oswaldo Felizzola explicó que, sin el respaldo de Estados Unidos como garante, esos campos no se habrían explotado en los próximos 10 o 15 años, simplemente porque PDVSA no tiene los recursos para hacerlo.

El acuerdo puede sonar a rescate económico o a hipoteca de un siglo, dependiendo de la perspectiva o la ideología de quién lo cuente. Lo cierto es que sus efectos —en el bolsillo de los venezolanos, en el precio de la gasolina en Estados Unidos y en el tablero energético mundial— tomarán años en sentirse. Mientras tanto, seguiremos de cerca cada detalle que se filtre de este contrato que, hasta ahora, nadie ha visto completo.